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La Tulipe

 

Sentarse en la terraza de La Tulipe a comer o a cenar y sentirse como en un bristrot en el corazón de París es todo uno… Pero no, estamos en pleno centro de Madrid, en la emblemática esquina de Serrano con Diego de León. Con las típicas sillas de trenzado geométrico y colores vivos de café parisino, es un “must” del verano madrileño.

 

La Tulipe, con 300 metros de local, divididos en un bar, dos salones y un coqueto office para cócteles, ha sido decorado por Mónica Andina y Fernando Tapia, que han pretendido plasmar, dentro de un estilo ecléctico, referencias actualizadas de la decoración francesa empleada en los bistrots de los años 40 y 50. Al fondo destaca un collage de la diseñadora Sole Noriega, con un neón en rojo, que contrasta lo antiguo y lo moderno. Detalles como la vajilla rescatada de varios anticuarios, espejos envejecidos y bancadas tapizadas completan el original escenario. 

 

 

De la cocina se encarga el chef francés Jonathan Goimbault, oriundo de Tours (Valle del Loira, Francia). Goimbault posee una amplia formación en cocina clásica francesa, y ha trabajado en Inglaterra especializándose en cocina de fusión. 

 

 

Así, la carta es un casi un compendio de los platos más conocidos de la gastronomía gala: quiche Lorraine, huevos benedict,  tostas con el pato como protagonista -no se pierdan la tosta de foie fresco a la plancha con manzana caramelizada sobre brioche casero- o  una sección de crêpes saladas son algunas de sus propuestas.

 

 

Entre las sugerencias del chef, les recomendamos probar sus mejillones, cocinados con una salsa ligera de crema y un fondo de puerro, deliciosos; la raya con mantequilla negra y alcaparras. Y las vieiras con langostinos sobre un puré de aguaturma y un crujiente de pita: ¡espectacular! Y sin lugar a dudas, el plato más original de la carta: el tartar de magret de pato. 

 

 

En los postres, déjese tentar por una crêpe dulce –incluida la mítica crêpe suztte-, por el coulant de chocolate o por cualquier otra propuesta: todos son caseros y deliciosos.

 

 

La carta de vinos es escueta aunque con referencias escogidas. Varios de los vinos se sirven también por copas, lo que permite cambiar de vino en cada plato… Incluidos varios vinos franceses, a precios razonables.

 

Cuando la noche avanza, los jueves, viernes y sábados (salvo en julio y en agosto), un DJ ameniza el final de las cenas con música house, low tempo y electro swing. En ese momento la carta de cócteles y ginebras Premium cobra protagonismo.

 

El precio medio de carta oscila entre los 30 y los 40 euros. 

 

La Tulipe es el tercer restaurante de un nuevo grupo emergente de restauración en Madrid formado por diferentes socios, con la vocación de ofrecer en un ambiente decorado con buen gusto y estilo, cocinas bien elaboradas a precios razonables. Los otros restaurantes son Makkila, un pequeño local especializado en pintxos y vinos por copas; y Whitby, uno de los locales más de moda en Madrid, con una decoración retro-industrial, en el que tomar platos de de cocina mediterránea con chispa y copas en un ambiente chic.

 Como Chef Ejecutivo de los tres restaurantes se encuentra David Tuñón, cuya trayectoria profesional incluye restaurantes tan conocidos de la capital como  El Foque, Villa María, y Bolocco.

 

 Margarita Lozano

 

 

C/ Serrano, 110 – 91 563 34 31

Pedro Ximenez: una joya española

¿Cuántas veces han empleado o han oído la expresión “me la han dado con queso”?. Seguramente muchísimas. Pues bien, como tantos otros dichos de nuestra lengua, éste tiene su origen en el mundo del vino. Y es que, antiguamente, cuando comerciantes o particulares iban a comprar vino directamente a las bodegas, algunos productores “listos” daban a probar sus vinos acompañados de un plato de queso. Y digo “listos” porque la razón de la generosa tapa era tratar de vender vinos con algún defecto, ya que éste no se percibía al tomarlo con el queso: este último lo enmascaraba con la grasa y con los lácteos propios del producto. Los “confiados” compradores, sin embargo, al llegar a casa y volver a tomar el mismo vino, se daban cuenta de que el vino tenía “algún problemilla”… demasiado tarde. Y entonces se exclamaban “¡Me lo han dado con queso!”.

Estas prácticas ya no existen (afortunadamente), pero el dicho persiste. Y es que, aunque muchos vinos (tintos y blancos) acompañan muy bien a muchos quesos, lo cierto es que son maridajes complicados, ya que corremos el riesgo de tapar los aromas del vino con su acompañamiento sólido. Una espléndida opción es acompañar los quesos con vinos dulces, haciendo un maridaje por contraste: cuanto más fuertes sean los quesos, mejor irán con este tipo de vinos.

Una de las armonías más frecuentes es la de los quesos con un vino dulce español por antonomasia: el Pedro Ximénez o PX.  Estos vinos toman su nombre de la variedad de uva con la que se elaboran. Se dice que dicha variedad es originaria de las Islas Canarias, desde donde se habría “exportado” a la zona del Rin, para volver más tarde a España de la mano de un soldado del ejército de Carlos V, llamado Pedro Siemens, Pedro Ximen o Pedro Ximénez… Aunque esta teoría no está del todo demostrada, es una de las más extendidas.

Hoy en día, se cultiva en Montilla Moriles –donde es la variedad “reina”-, en Jerez, en Málaga y en el Levante español.

Aunque se elaboren con ella varios tipos de vinos secos (finos, amontillados, vinos viejísimos….), me quiero centrar en los PX dulces, una de las joyas de la vitivinicultura de nuestro país.

Para obtener un PX, la uva se vendimia y los racimos se dejan secar al sol, con lo que se consigue una evaporación parcial del agua de los frutos, y por lo tanto, una mayor concentración de azúcar. Antes de empezar su envejecimiento, se añade al mosto alcohol vínico, con lo que se para la fermentación, ya que las bacterias dejan de ser activas debido a una concentración alta de alcohol y dejan de “comerse” los azúcares. Ambos procesos, seguidos de una crianza más o menos larga, dan como resultado vinos dulces y con un contenido alcohólico de 15º – 18º. Son vinos de color marrón oscuro, opacos, que manchan la copa al hacerla girar, con aromas muy concentrados a uvas pasas, higos secos, almendras, avellanas, café, caramelo, pastelería y pan tostado, largos en boca, muy expresivos… En una palabra: exquisitos.

Desde los PX más jóvenes hasta los viejísimos, son ideales para acompañar quesos fuertes, foies y postres a base de chocolate amargo, naranja, y otros que no sean excesivamente dulces.

Pero a mí, que me lo den con queso: es una armonía extraordinaria. ¡Prueben!

Algunos vinos aconsejados:

  • Bodegas Toro Albalá (DO Montilla Moriles): PX Gran Reserva 1975
  • Bodegas Alvear (DO Montilla Moriles): PX Añada 2001
  • Bodegas El Maestro Sierra (DO Jerez): PX Viejísimo
  • Bodegas M. Gil Luque (DO Jerez): Leyenda Oro Pedro Ximénez
  • Bodegas López Hermanos (DO Málaga): PX Reserva de Familia 2001