Presentación

EL VINO: CULTURA, HISTORIA Y SALUD

 

En esta web vamos a hablar de vino. También de cervezas, destilados, licores y gastronomía en general. Nada original hoy en día, ya que desde hace algunos años, cualquier publicación que se precie incluye una sección sobre vino y gastronomía y abundan webs y blogs sobre el tema. Pero sí querría que ésta fuera diferente. Me gustaría que leyéndome, se despertara en ustedes el deseo de saber más, y de descubrir sensaciones y costumbres olvidadas.

 

 

A modo de introducción, quisiera poner un especial énfasis en tres cuestiones:

 

La primera, recordarles que la historia del vino está unida a la historia de las civilizaciones y de las religiones: recordemos al Dionisos griego, o Bacco en el Imperio Romano, leamos las múltiples alusiones bíblicas al vino y su protagonismo en la religión católica, por citar sólo algunos ejemplos. En la cultura occidental, el vino es un elemento importantísimo dentro de las relaciones sociales. No se concibe una buena comida sin un buen vino; abrir una botella de espumoso es sinónimo de fiesta, de celebración. En los últimos años, es cierto, el consumo de vino ha ido descendiendo en todos los países occidentales. El cambio en los hábitos de vida, el ritmo frenético de las ciudades, son las causas principales de este cambio. Pero no nos engañemos: bebemos menos, pero bebemos “mejor”, es decir vinos de mayor calidad. Porque el vino se aprecia, se degusta, se disfruta, cuando estamos de vacaciones, cenamos con los amigos o mientras leemos en casa un buen libro oyendo buena música.

 

La segunda cuestión que quiero plantear es la “desmitificación” de todo lo relacionado con el mundo del vino. No hay que ser un especialista para disfrutar de un buen vino, lo principal es que el vino que tomemos nos guste. Así de simple. Tampoco hay que gastarse cantidades astronómicas para tomar un buen vino, aunque por supuesto, la mayoría de los vinos “valen lo que cuestan”. Hacer vino es un arte: un gran vino es como un bello cuadro o un buen libro, salvo que en lugar de provocar sentimientos (como por ejemplo, la emoción al leer poesía), lo que provoca un vino son sensaciones. Es cierto que hay que aprender a distinguir esas sensaciones, como se aprende a admirar un monumento o a apreciar la belleza de una escultura. Y para ello, hay que ejercitar un sentido atrofiado porque ya no es necesario para la supervivencia del hombre en el mundo actual: el olfato. No olvidemos que lo que llamamos “gusto” se limita a cuatro sabores: dulce, salado, amargo y ácido. El resto pertenece al reino de los aromas (¿no se ha preguntado nunca porqué “la comida no sabe a nada” cuando está resfriado?). Claro está, el vino huele a vino, solo que ese olor a vino puede tener cientos de matices diferentes, al igual que existen infinidades de tonos de rojo, o de amarillo, o de verde. Ejercitar el olfato consiste en crear y recrear la memoria olfativa: acordarnos del olor de las frutas, de las especias, de las flores, de la hierba recién cortada…y almacenarlos en nuestra mente. Es como todo, una cuestión de práctica. A veces hay personas que me preguntan cómo los catadores somos capaces de “adivinar” el tipo de vino que tenemos en la copa, la variedad o variedades de uva con la que está elaborado, la añada o el país de procedencia. Evidentemente no lo adivinamos. Todo está en nuestra capacidad de evaluar las sensaciones que el vino nos transmite. Y eso sólo se consigue con práctica y, a un cierto nivel, por supuesto, con una formación específica. Así, un vino hay que olerlo, probarlo, y emplear también la vista y el tacto –el vino en la boca puede transmitir sensaciones ásperas, sedosas, aterciopeladas…-. Pero sobre todo, como decía al principio, hay que disfrutarlo. Lo demás viene poco a poco.

 

Y por último, recalcar que el vino es un alimento que forma parte de la dieta mediterránea, tan sano, tomado con moderación, como el aceite de oliva, la fruta o las legumbres, por poner algún ejemplo. En los años setenta, un grupo de médicos estadounidenses realizaba un estudio sobre la relación entre la dieta y las enfermedades cardiovasculares en Estados Unidos y los países europeos. Este estudio reveló que, siendo en Francia donde la dieta tenía los mayores contenidos en grasas (y era por lo tanto, la menos equilibrada y la más perjudicial), era el país con menos incidencia de enfermedades cardiovasculares. Es lo que este grupo de científicos denominó “the frech paradox” o “la paradoja francesa”. Entonces empezaron a buscar un elemento diferenciador entre la dieta francesa y las de los demás países. Pues bien, la diferencia era que los franceses consumían mucho más vino que los demás. A partir de ese descubrimiento, se empezaron a realizar estudios sobre las posibles propiedades benéficas del consumo moderado de vino para la salud. Hoy sabemos que los polifenoles contenidos en el vino previenen las enfermedades cardiovasculares, tienen propiedades anti cancerígenas y antioxidantes, y que una copa de vino durante la comida favorece la digestión, por citar sólo algunos ejemplos.

 

 

Así que, dicho todo esto, beban (con moderación), disfruten y entren en un nuevo mundo de sensaciones.

 

Margarita Lozano Ruíz

8 comentarios

8 pensamientos en “Presentación

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s