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¿COSA DE HOMBRES?

Soberano

Beber brandy solera va a dejar de ser “cosa de hombres”, como pregonaba el mítico anuncio de Soberano, que aún perdura en la memoria de los españoles. Ni de hombres, ni de mujeres, porque esta “varonil” bebida, que producen las bodegas de Jerez, ha entrado en peligro de extinción. Tan sólo pequeñas empresas de la zona han mantenido esta categoría dentro de la denominación, pues todas las grandes marcas han perdido a día de hoy esta distinción. El motivo es que decidieron bajar la graduación por debajo de los 36 grados, por lo que ya no cumplen los requisitos para ser calificados como brandy de Jerez.

En 2009 fue un shock para el sector, cuando las dos marcas emblemáticas -que junto a Centenario congregaban casi el 80% de las ventas- dieron el pistoletazo de salida, abandonando la categoría para pasar a ser llanamente una bebida espirituosa más. Éstas fueron Soberano de González Byass y Veterano de Osborne, al que pronto se sumaría Centenario, enseña de Terry, que luego pasó a manos de Beam y hoy de la japonesa Suntory. Ello supuso un duro golpe para el conjunto del mercado, pues la producción total -se incluyen los brandy reserva y gran reserva- bajó de 64 millones de botellas a únicamente 19,3 en 2014. Concretamente, el solera en España ha pasado de 30 millones en 2008 a menos de 1,5 “y continuará bajando hasta quedarse en prácticamente nada”, vaticinan fuentes del sector.

En los mercados exteriores, también ha descendido desde 21 millones de botellas a apenas 7,5 millones. El motivo por el que decidieron tan drástica medida responde a la alta cotización de los alcoholes vínicos, que marcaron máximos en 2008 tras la eliminación de las subvenciones. Con la bajada de la graduación -hoy tienen 33 grados frente a los 47 de antaño y ya no pueden denominarse solera- lograron un doble ahorro: reducción en el coste de la materia prima y disminución del impuesto del alcohol. Otras de las enseñas más conocidas que han seguido sus pasos son Felipe II (Osborne),501 (de las bodegas del mismo nombre), Espléndido (Garvey) y Decano (Caballero), productor de otra popular bebida española: el Ponche.

Una de las grandes bodegas de Jerez apunta al fenómeno del falso brandy como una competencia desleal. “Siete años después, el consumidor sigue sin poder diferenciarlo, porque mantienen las mismas marcas e imagen”.  Otra de las críticas que lanzan las empresas es que ahora esta bebida puede ser elaborada por cualquier fabricante, tanto nacional como extranjero, a diferencia del brandy de Jerez, que sólo lo pueden realizar en bodegas inscritas en el Consejo Regulador. Tampoco tienen la obligación de producirse con aguardientes de vino -como sí requiere el brandy de Jerez-, mucho más caro que el alcohol de grano o de melazas, ni envejecerse en barricas de roble americano, donde el brandy solera debe permanecer un año.

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Viejo Mundo vs. Nuevo Mundo

Cuando hablamos de vino hablamos de un fenómeno social, de moda y por supuesto de un sector económico con un peso importante. Cada vez más, se ve el vino como un elemento cultural, y esto en dos vertientes:

– La primera, como cultura propia del individuo, por lo que hablar y entender de vino significa tener un nivel cultural (y social) medio – alto, al igual que se puede considerar “distinguido” y culto entender y hablar de arte.

– La segunda, como parte integrante del patrimonio cultural de un país productor y, por extensión, de sus ciudadanos.

Tampoco hay que olvidar la gran aportación que están haciendo países como Francia, España, Portugal o Italia, mediante la concienciación de los consumidores de todo el mundo de sobre las bondades del consumo moderado de vino dentro de la llamada “dieta mediterránea”: una forma de alimentación propia de los países citados y basada en la variedad de los alimentos consumidos, que aportan los nutrientes necesarios para una alimentación equilibrada.

A pesar de lo dicho, el consumo mundial de vino en su conjunto no crece del mismo modo que la producción. Esto genera excedentes de vino a nivel mundial, una situación que debe regularse para no llegar al hundimiento de las empresas del sector a largo plazo.

EL NUEVO MUNDO

Países como EEUU, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Chile o Argentina, entre otros, han aumentado enormemente su producción en los últimos años a la vez que han sabido posicionar sus productos en los mercados mundiales.

Existen varios factores y numerosas características propias de los mismos que juegan un papel esencial en este posicionamiento mundial, siendo los siguientes los de mayor influencia:

– Los vinos del nuevo mundo son productos nuevos, equilibrados y fáciles de comprender y de beber. Son elaborados siguiendo patrones dictados por el “gusto” internacional. Los productores estudian las tendencias de mercado y crean productos que encajen con las preferencias de los consumidores: mayores o menores extracciones, concentraciones, etc. Esto es posible en países vitivinícolas relativamente jóvenes, que no se encuentra limitada por una tipicidad histórica de zonas producción.

– Las variedades más utilizadas son las llamadas “internacionales”, también en concordancia con las sensaciones olfativas y gustativas a las que ya están acostumbrados los paladares del consumidor. Muchos de estos vinos son monovarietales, lo que simplifica su identificación, tanto sensorial como en la pirámide de memorización “país-zona-variedad-marca”. Son más fáciles de elegir y más accesibles. Las variedades autóctonas se emplean mayoritariamente en coupages con variedades internacionales, y sólo cuando los vinos de un determinado país ya gozan de una imagen asentada y de una buena cota de mercado en países terceros, comienzan a introducirse poco a poco los monovarietales de variedades autóctonas, evitando un posible rechazo a lo nuevo y logrando amplias cuotas de mercado con gran rapidez.

– La tecnología avanzada de estos países (que permite, por ejemplo, la clonación de varietales) y la falta de restricciones de consejos reguladores dan una gran libertad tanto en el viñedo como en la bodega. Cada productor sigue así sus propias reglas en cultivos, elaboración y crianza, sin normativas ni leyes que coarten sus decisiones, basadas en criterios de marketing y rentabilidad.

– Otro dato importante que los posiciona en buen lugar son sus precios. Una hectárea en Europa es mucho más cara que en Napa Valley, Chile o Nueva Zelanda. La mano de obra en muchos de los países del Nuevo Mundo es también menos costosa, y la poda y la vendimia se hacen mecánicamente. Todos estos factores influyen en una notable reducción de costes que se nota (y mucho) en el precio final.

– Las bodegas practican un marketing estudiado y agresivo, factor altamente competitivo, propiciado por la pertenencia a grandes compañías y por fuertes inversores además de por sus altos volúmenes de producción. Campañas publicitarias muy atractivas con un target muy concreto hacen que estos vinos seduzcan a priori al consumidor y provoquen una primera compra. Luego, su calidad y su precio, fidelizarán al cliente.

EL VIEJO MUNDO

Los países tradicionalmente productores, la mayoría pertenecientes al Viejo Continente, se encuentran actualmente frente a la competencia feroz que ejercen en los mercados los vinos del Nuevo Mundo.

Los analistas opinan que la crisis que atraviesa el vino en el Viejo Continente, que se ha ido generalizando progresivamente desde finales de 2002, tiene su origen en la rígida estructura del sector frente a los nuevos competidores, que “roban” paulatinamente cuota de mercado a los productos más tradicionales de Europa.

Los productores europeos se ven confrontados a los siguientes problemas:

– Los Consejos Reguladores y otros organismos estatales y supraestatales establecen una rígida normativa para la producción de vinos. Esta normativa va desde la densidad de plantación, las variedades permitidas en cada zona y los porcentajes máximos y mínimos de cada variedad que deben entrar en la composición de un vino, pasando por las sustancias químicas autorizadas, los métodos enológicos permitidos, los tiempos de crianza, etc. Cada productor debe respetar dicha normativa aunque esto pueda suponer, a veces, numerosos problemas económicos y comerciales. Antes de poder comercializar un vino, éste debe ser calificado como apto por el correspondiente Consejo Regulador que le permitirá indicar en la etiqueta la zona de procedencia.

– Las Denominaciones de Origen Protegidas limitan también las zonas de producción. Esto implica que una viña perteneciente a la A.O.C. Bordeaux esté separada de otra acogida a la A.O.C. Bordeaux Superieur, por ejemplo, por un camino de 10 m de ancho. El precio de una hectárea a un lado y al otro será muy diferente, y el precio del vino resultante igual. Al no estar permitida la plantación fuera de los límites de la A.O.C., el precio de la tierra es altísimo, y los costes de mantenimiento de las propiedades, a veces, imposible de asumir por sus propietarios. Valga decir que, actualmente, existen más de 1.000 châteaux en venta en el bordelais.

– La atomización de la propiedad en Europa es extrema. Frente a propiedades de cientos de hectáreas en países del nuevo mundo, en el viejo continente éstas no suelen superar algunas decenas, cuando no ocurre como en el caso, por ejemplo de la Bourgogne, que se midan en acres. Esto provoca que la producción de una bodega no supere en muchas ocasiones, algunas decenas de miles de botellas (a veces, ni eso). Solo una minoría de los productores europeos supera el medio millón de botellas y son contados los que pasan del millón. La consecuencia es que los costes totales se repercuten en una producción escasa, lo que encarece el producto final.

– En muchas ocasiones, ya sea por la especificidad del vino o por la orografía del terreno, las labores en la viña en general y las vendimias en particular, se realizan a mano, lo que supone también el encarecimiento del vino. Sin olvidar el elevado coste de la mano de obra en los países europeos.

– La mayoría de las empresas productoras son familiares y en el mejor de los casos, pequeñas sociedades limitadas o anónimas, lo que imposibilita en muchos casos, la inversión en campañas de marketing prolongadas y efectivas que consigan posicionar de forma sólida los productos tanto en el país de origen como en los mercados internacionales.

Sin embargo, todos los problemas que sufren los vinos europeos y que citamos anteriormente, examinados desde el punto de vista del “vaso medio lleno en lugar de medio vacío”, tienen su lado positivo, ya que aportan a estos productos un valor intrínseco innegable sobre el que debe apoyarse su comercialización y las estrategias de marketing:

– Son vinos con historia, expresión de una tierra y del carácter de sus gentes, que arrastran un bagaje cultural secular.

– Su calidad está avalada por las normas restrictivas y los criterios y controles de producción de cada zona.

– Son vinos con gran personalidad y tipicidad, lo que los hace intemporales, fuera de tendencias y modas más o menos pasajeras.

Y hoy por hoy, son un referente mundial e “iconos” del buen gusto y de distinción.

El Vino y la Mujer

Nada más sugerente y atractivo que una copa de vino ofrecida por una dama

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El espíritu y carácter hedonista del vino parece haber hecho diana al conquistar a la mujer como abanderada y no tan extraño y oscuro objeto del deseo. A diario suenan las alarmas por el descenso del consumo al asomarse en lontananza por los mercados cifras descendentes en las estadísticas, que lógicamente reflejan la situación y las variantes dadas en una sociedad, donde prácticamente se ha perdido la costumbre de comer al mediodía en familia y las cenas han pasado a ser una excursión doméstica e individual al frigorífico para después sentarse ante el televisor y “hartarse” de bios, leches preparadas con más calcio y fibra, etc.

Y si echamos una ojeada al restaurante, las normas del tráfico y el temor al soplo delator nos impone una más que comedida ingesta báquica, tanto si celebramos una comida de negocios como si pretendemos una celebración nocturna entre amigos o en pareja.

Pero el mercado busca sus propios resortes. Y así es. Echa mano de la mejor baza que tiene la sociedad en su seno: la mujer. Por naturaleza, si bien no metaboliza (con excepciones muy contadas) como el varón, tiene mucho más sensibles y afinadas las percepciones oganolépticas de cualquier producto de ingesta.

EE.UU., Francia y Reino Unido están ofreciendo en los últimos tiempos datos estadísticos, según los cuales son las mujeres las mayores compradoras de botellas de vino de calidad; pero al mismo tiempo orientan a los productores a conseguir en la elaboración de vinos un terminado de acuerdo con sus gustos y exigencias, referentes tanto a la identidad misma del producto en sí, como en envases, etiquetas, diseños, etc.

Y la tendencia va en aumento. Ya siguen ese camino España, Portugal e Italia. En los tres primeros países citados anteriormente el dato esencial queda reflejado por la venta ocasionada en grandes y medias superficies, donde se vende el 70 % de las botellas de vino puestas en mercado. Y no hay que olvidar que más de un 80 % de las compras en estos establecimientos son realizadas por mujeres, quienes se decantan en mayoría por vinos frescos, blancos, afrutados, espumosos, ligeros, de menos alcohol y calorías, frágiles pero enteros.

No queda más para refrendar esta aseveración que contemplar a este mundo femenino de clase media-alta, cada vez más protagonista en veladas y reuniones (de negocios o lúdicas), con una copa de vino en la mano, aportando elegancia, sugestión, empaque, gracia, sutileza, tentación… “charme”.

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Premios Vinavin Internacionales 2015

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La Asociación Vinavin organiza de la mano de la Excma. Diputación de Córdoba la 1ªcata Concurso Internacional de Vinagres Premios Vinavin Internacionales 2015”

Por 1ªvez, el próximo día 21 de Marzo en el Palacio de la Merced de Córdoba (España), nos reuniremos un grupo de expertos y periodistas especializados para catar vinagres procedentes de diversas zonas del mundo de producción de vinagre.

Estos premios se crean con el único objetivo de  impulsar y apoyar al sector del vinagre. Dar a conocer en el comercio y entre los consumidores la riqueza de vinagres de calidad de los países participantes, su trabajo y elaboración.

Para poder conseguir impulsar e incentivar el conocimiento sobre el sector del vinagre a los participantes se les incluirá en la “Guía de Vinagres Vinavin Internacionales 2015” , además de ayudar a dar a conocer a los vinagres galardonados mediante diversas actividades ,como la aparición en revistas internacionales, exposición en muestras y ferias concertadas , tener la oportunidad de formar parte de vinagres de restaurantes nacionales…

Un poco más acerca del vinagre… 

El diccionario define el vinagre como un “líquido condimentario resultante de la oxidación de un vino o de una solución alcohólica”. Pero el vinagre, desde épocas remotas, no solo se utiliza como condimento, sino también para conservar alimentos y en la preparación de medicinas, cataplasmas, para las quemaduras, etc. No hay que olvidar tampoco que, hasta que se descubrió el ácido sulfúrico en el S. XIV, el ácido con mayor poder de disolución era el vinagre.

La palabra vinagre viene del francés vin aigre, es decir, vino agrio. Sin embargo, y a pesar de que su etimología señala la procedencia vínica, se denominan también vinagres a los resultantes de otras soluciones con contenido en alcohol, como sidra, malta, cerveza, hidromiel, frambuesa, dátiles… La mayoría de estos vinagres se producen en países o zonas donde la vid no se cultiva (o muy poco), por lo que, a falta de vino, se utiliza para su elaboración la materia prima de la que se dispone. Es el caso de los vinagres de cereales en Estados Unidos o los de miel y arroz en China y Japón.

Así, para obtener vinagre se parte de un vino u otra solución que contenga etanol. El alcohol fermentado se oxida en contacto con el aire produciendo ácido acético. En este proceso interviene también una bacteria, la acetobacter, sin la que la conversión en vinagre del líquido base no sería posible.

Aunque existan otros vinagres, el vinagre de vino es el Vinagre con mayúsculas. Por ello, nos centraremos en él, su historia y elaboración.

Los primeros testimonios que se tienen sobre la obtención de vinagre se refieren a un vinagre de dátiles en Babilonia (500 a.C.), un vinagre muy común en Mesopotamia.

Pero hay que tener en cuenta que los vinos en la antigüedad, terminaban siempre avinagrándose: no se conocían las causas de este proceso y por lo tanto no se podían evitar. Entonces, lo que se hacía era añadir a estos vinos “avinagrados” miel, especias (canela, cardamomo, pimienta…), incluso esencias de flores, como agua de rosas, para “matar” un poco el mal sabor. Aunque yo no estoy muy segura de que la mezcla final fuera mejor… Pero en fin, eran otros tiempos.

En lo que a la elaboración consciente de vinagre, el método artesano empleado consistía en añadir a un mosto fermentado (de vino blanco o tinto) la madre del vinagre, que es una masa gelatinosa que contiene bacterias acéticas. Conforme se iba gastando, se iba añadiendo mosto y madre, en un proceso de acetificación continuo. Estos vinagres tenían los mismos grados de acético que de etílico (alcohol), por lo que resultaban muy fuertes.

En la Edad Media, Orleáns era un gran centro productor de vinos y vinagres. Fue allí, en el Loira, donde se descubrió accidentalmente, que al transportar los vinos hasta París, muchísimas barricas llegaban picadas, es decir, con vinos agrios. Tantas, que en 1394 se constituyó una corporación de vinagreros. Más tarde, Carlos IV estableció una reglamentación de los Maestros Vinagreros (guardianes celosos del secreto de fabricación del preciado vinagre de Orleáns), que fue completada a finales del S. XVI por Enrique III. Hoy en día es uno de los vinagres más famosos y exquisitos, elaborado siempre con vino del Loira pero empleando, claro está, métodos modernos, envejecidos en barricas de 225-300 l y siguiendo un proceso lento de acetificación. Los vinagres de Orleáns obtienen la mención de “viejos” cuando están en barrica de 6 a 12 meses.

Existen otros métodos de elaboración, pero es siguiendo el llamado “Método Orleáns o artesano”, como se elaboran también los dos grandes vinagres europeos, el vinagre de Jerez y el aceto balsámico de Módena, únicos en el mundo junto a los del Condado de Huelva, a estar reglamentados y acogidos a una denominación de origen.

El método se basa en el contacto con el aire de una capa grasienta y aterciopelada que se mantiene en la superficie del vino (nunca debe caer al fondo del barril). Los barriles se colocan en filas horizontales superpuestas que se almacenan en recintos cuya temperatura se mantiene alta en invierno para acelerar la acetificación.

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Para obtener un vinagre de vino de calidad se emplean de 6 a 12 meses, durante los que el vinagre permanece  almacenado en barriles de roble. Este envejecimiento lento en la madera le aporta unos aromas complejos y sutiles que nada tienen que ver con los vinagres industriales, obtenidos a partir de vinos desnaturalizados que fermentan en cubas equipadas con turbinas. Estas turbinas aspiran y luego dispersan el oxígeno, para conseguir así un vinagre en sólo 2 ó 3 días.

Mención a parte en cuanto al tiempo de envejecimiento merece el aceto balsámico de Módena, que además de ir envejeciendo pasando de una a otra barrica, de maderas diferentes todas ellas (hay baterías de más de 12 barricas) para dar complejidad de aromas, cada año va perdiendo por evaporación una parte del volumen total. Así, para obtener un litro de vinagre de Módena de 20 años, además de esperar todo ese tiempo, hay que partir de una materia prima de 4 litros de vino. El resultado es un vinagre dulce, apenas ácido (el acético se ha evaporado), espeso y de color caoba, casi como caramelo. Es delicioso, no solo en ensaladas, sino tal y como aprendí a comerlo en aquella región, rociado sobre queso Parmesano o sobre ¡fresas! (sorprendente y exquisito). Mucho cuidado al comprar este vinagre: los buenos son caros (por su larga y compleja elaboración), pero muchas veces nos venden caro un vinagre en cuya etiqueta aparece la mención “tipo Módena” o “tipo balsámico de Módena”. Esto si que es una estafa, pues estaremos pagando por algo que no es. Suelen ser vinagres con adicción de caramelos y otras substancias. Por ello, hay que comprobar siempre que en la etiqueta figure bien claro: D.O.C.G. Aceto di Modena.

Otro tipo de vinagres, llamados macerados, son también vinagres de vino, casi todos envejecidos. Entre los más conocidos están los de Jerez, Módena, Burdeos o Banyuls. Se obtienen macerando trufas, higos y otras frutas en los vinagres obtenidos con anterioridad, resultando un producto muy concentrado. También son muy famosos en Francia los vinagres de velo, país en el que esta mención es típica y de método artesanal.

También hay vinagres que hacen referencia a una zona vinícola determinada, como vinagre de Rioja o de Penedès, o a un tipo de uva, como por ejemplo, vinagre de Albariño. Pero ojo, esto solo nos indica el origen o la materia prima base, pero no son productos acogidos a denominación de origen. Lo que no quiere decir que no existan buenos vinagres en esas zonas. Otros pueden contener hierbas, especias, sal, etc., que les conferirán un sabor especial.

Pero la “joya de la Corona”, son sin duda, los vinagres de Jerez y de Montilla-Moriles. Están elaborados, según la zona, con vinos procedentes de las variedades de uva Palomino, Listán y Pedro Ximénez con una graducación mínima de 9,5º y una acidez mínima de 2,5g/l.  Hemos pasado del vinagre en botella de plástico a productos geniales.

 

El plazo de envío en inscripción de los vinagres se cierra el 12 de Marzo del 2015, para más información en el correo asociacion@vinavin.es

Premios Dardo

Bueno, esta va a ser una entrada poco habitual, ya que es para comunicaros que mi blog ha recibido un premio!!!: el Premio Dardos. Estoy emocionadísima y quiero expresar mi gratitud a Pilar del blog http://lacocinaconthermomixx.wordpress.com que fue la que me propuso. No os perdáis su blog si tenéis thermomixx, y si no, os dará ganas de salir corriendo a compraros una y seguir sus recetas.

Muchas gracias por este reconocimiento, espero seguir contándoos cosas interesantes desde aquí y que me sigáis leyendo.

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Y estos son mis blogs nominados:

  1. http://www.yalocatoyo.com/el-blog-de-yalocatoyo/
  2. http://elblogdelsumiller.blogspot.com.es
  3. http://pacohigon.wordpress.com
  4. http://apuntolibreria.wordpress.com
  5. http://comosusanacome.blogspot.com
  6. http://eldescorchedelaprensadelrioja.wordpress.com
  7. http://rumbovino.blogspot.com.es
  8. http://vinogastronomiayviajes.blogspot.com.es/
  9. http://elblogdelosvinos.wordpress.com/
  10. http://cocinasanaconernestsubirana.wordpress.com

 

Vi de Vila: la coherencia del terroir

He querido, tras mi viaje de estos días por Costers del Segre y el Priorato, rescatar un artículo que escribí hace años y que creo está de rabiosa actualidad, puesto que ciertos conceptos deberían, en mi humilde opinión, extrapolarse a otras denominaciones de origen que, al ir creciendo o al aunar zonas de producción de características muy diferentes, se han olvidado de lo que realmente significa el terroir.

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La cultura del vino del español medio es, en general, relativamente pobre. En muchas ocasiones, fuera de las denominaciones de origen más tradicionales, el resto le son bastante desconocidas. Tiene su lógica si tenemos en cuenta dos factores: el primero, que el consumo de vinos de calidad es un hecho reciente, ligado a la prosperidad económica; y el segundo, que ha habido una auténtica proliferación de denominaciones y zonas de producción en los últimos años. Muchos piensan que sería más conveniente ir hacia una simplificación en este terreno para facilitar la comprensión por parte del consumidor. Habría que preguntarse si no es mejor fomentar la cultura del vino, poco a poco, en lugar de querer nivelarla “desde abajo”. La diversidad y la variedad de la España vitivinícola son una riqueza indiscutible que hay que fomentar en todos los terrenos. Y eso no pasa por una unificación a cualquier precio sino más bien por desarrollar los mecanismos necesarios para hacer más comprensibles esas diferencias, ligadas indiscutiblemente al concepto de terroir.

La apuesta de la D.O.Q. Priorat desde hace unos años son los Vins de Vila (vinos de un pueblo), que pretende ir más allá del concepto de denominación de origen calificada, y los Vinos de Finca, éstos en un claro acercamiento a la clasificación de Vinos de Pago. En España, la iniciativa sorprende por novedosa, pero basta con mirar hacia nuestros vecinos franceses para darnos cuenta de que todo o casi todo está ya inventado. Y es que el concepto de terroir está determinado por el clima, el suelo, las variedades cultivadas y las técnicas vitivinícolas aplicadas en cada zona, y todos estos factores varían de una  a otra.

Son doce las zonas en las que la normativa divide a la denominación calificada:

  • Vila del Bellmunt del Priorat
  • Vila d’Escala Dei
  • Vila de Gratallops
  • Vila de la Morera del Montsant
  • Vila de Poboleda
  • Vila de Porrera
  • Vila de Torroja del Priorat
  • Vila de la Vilella Alta
  • Vila de la Vilella Baixa
  • Vila dels Masos de Falset
  • Vila de les Solanes del Mola
  • vi de vila
  • Como decía,  los Vins de Vila dan una vuelta más de tuerca al concepto de terroir, asociando los vinos producidos en cada uno de los municipios de la D.O.Q. no solo a las características climáticas, ampelográficas o geológicas, sino también a la cultura y la identidad de cada pueblo o vila. La meta es crear un vínculo sólido entre los vinos elaborados en cada municipio y su realidad cultural y socioeconómica que redunde en un aumento de las ventas en su propio ámbito territorial, fomente la actividad turística y, por supuesto, el acercamiento de la diversidad de los vinos del Priorato al consumidor. Esta normativa también tiene sus detractores dentro de la propia denominación, quienes apoyan su reticencia en el temor de que, como decía al principio, este nuevo elemento, lejos de favorecer la imagen y el conocimiento de los vinos del Priorato, constituya una nueva barrera para un consumidor aún muy verde en cuanto a lo que a denominaciones de origen se refiere.Sin embargo, en mi opinión, renunciar a ponerle nombre y definir la diversidad de los vinos de un territorio sería como renunciar a los matices que tiene un mismo color. A los niños, primero se les enseñan los colores básicos y es a lo largo de su vida, con la educación y vivencias necesarias, cuando van siendo capaces de distinguir, diferenciar y apreciar los diferentes matices. Valga la comparación para entender que los Vins de Vila pretenden aportar una mayor información sobre la identidad de cada vino y que el gran reto en España es trabajar para que los consumidores tengan cada día una mayor cultura vinícola, no tanto basada en la simplificación como en la comprensión de nuestra increíble riqueza y diversidad.