Viña Valdemazón 2009

Otra de las bodegas que visité la semana pasada en la Ribera del Duero fue Valdemazón, en Olivares de Duero.

Aunque la famila Martín llevaba varias generaciones dedicándose a la viticultura y poseían viñedo propio, no es hasta 2006 cuando los dos hermanos de la última generación, Ernesto y Eduardo Martín, dos jóvenes (muy jóvenes) llenos de entusiasmo,  deciden crear su propia bodega, de la que nace Viña Valdemazón, un vino de elaboración mimada y de cosecha limitada, ya que el año de máxima producción llegan a las 12.000 botellas.

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Construyeron la bodega en antiguas casas y naves familiares de piedra, adobe y ladrillo propiedad de la familia, en pleno casco urbano de Olivares, que ya sirvieron de lagar a sus  antepasados y que rehabilitaron para crear unas instalaciones modernas y preparadas para vinificaciones pequeñas y cuidadas.

Una sala de barricas en un antiguo edificio de adobe completa la bodega, donde el vino se cría en roble francés de Allier.

También en el próximo número de la revistas SUMILLERES (mayo) podrán leer un reportaje completo de esta bodega.

Hoy pondré el acento en su vino, un Ribera del Duero diferente, con estilo propio, que hace la fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable de 5.000 litros, igual de altos que de anchos, donde controlan mejor la temperatura, hay una mayor superficie de contacto de los hollejos con el mosto – lo que permite una mejor extracción de polifenoles y taninos…

Viña Valdemazón 2009

Valdemazon_2009

En copa se muestra de un atractivo color cereza con ribete granate, sin apenas evolución. A copa parada es un poco tímido, pero luego al abrirse, muestra una extraordinaria complejidad aromática. Encontramos aromas de fruta roja y negra (grosellas, ciruelas, arándanos), palo de regaliz, torrefactos suaves y ligeros empireumáticos que no llegan nunca a imponerse. Detrás, notas de toffee, lácteos, vainilla y especias. Incluso algún recuerdo a maderas aromáticas como el sándalo una vez el vino muy oxigenado en copa.

En la boca es ligero y a la vez envolvente, con buen cuerpo, tiene un magnífico recorrido y longitud. Buen equilibrio entre la fruta y la madera, la acidez marcada compensa el alcohol dejando una sensación fresca en el paso y al final de boca. Es amable, con mucha persistencia. Un vino elegante, con personalidad y que, si además lo pruebas en la bodega con Eduardo y Ernesto, te enamorará seguro.

Margarita Lozano

 

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